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June 12 Cúcuta: olvidad detrás de BerlínCúcuta: olvidada detrás de Berlín
“Colombia nació en Norte de Santander”: Esa frase es explicada por el vigilante turístico de la “Casa de Santander” en Villa del Rosario, municipio contiguo a Cúcuta capital del departamento. ¿Si esto es así porque el país se olvidó de esa zona?
Estábamos reunidos en la avenida 0 con calle 13, lugar neurálgico de la ciudad. El “parche” era de más o menos 10 personas. Estaba sentado al lado de José* y el calor, como siempre, insoportable. José acaba de darle las monedas de cambio a una joven que compró un collar de tagua. Cúcuta es una frontera viviente. Miles de millones de pesos pasan por esta ciudad destino a Venezuela o al interior del país. 6 horas separan esta ciudad de Bucaramanga, centro económico y político de Santander del Sur y solamente 2 horas de San Cristóbal, capital del estado Táchira de Venezuela; “somos más venezolanos que Colombianos, pero no queremos ser venezolanos, porque somos colombianos”, explica Victor* Profesor de Ciencias sociales de Cúcuta, aunque aclara que esta es una opinión muy superficial. Cuando se piensa en una frontera lo que primero que uno se imagina es el límite. Sobre ese límite existen leyes, tratados internacionales, requisitos, controles y, obviamente, intercambios. Desde dinero, pollos, bienes de consumo, carros, tecnología, hasta drogas, dólares, esclavos, contrabando, asesinos y mafias. Todo se intercambia, todo va y viene, en especial, las personas.
Según los informes del DANE, sobre el estudio demográfico de Cúcuta, para las décadas de los 70 y 80 a Cúcuta llegaron personas de todo Colombia e incluso de muchas partes de Suramérica que venían deportados desde Venezuela y dejados en la frontera. Casas como “el Centro de migraciones” del barrio Pescadero, funcionaron como lugares de refugio de aproximadamente 85.000 colombianos y 4300 extranjeros desde 1968 hasta por lo menos 1995 según el reporte.
“El cualquiera*” también estaba ahí. El era de Palmeras Parte baja, dentro de la ciudadela de Juan Atalaya. Siempre saluda chocando el puño y haciendo sonar todas las manillas que ha hecho con distintas semillas. Nunca supe si tales semillas eran de verdad las que el decía que eran. Lo claro era que si las hacía el mismo.
Toda esta gente se concentró en la periferia de la ciudad. La otra Cúcuta, alejada del centro, del orgulloso y por tiempos lánguido río Pamplonita, se convirtió en un hervidero de invasiones y consigo de personas pobres y sin muchas oportunidades. Esta periferia creció del tamaño de la propia ciudad, “Ciudadela de Juan Atalaya”, un basto territorio que hasta el momento era desconocido completamente por la élite cucuteña que no veían más allá de las montañas. Un pesebre de casitas que parecen prendidas por el vapor transparente y ondulante que sale de la tierra hirviendo: Antonia Santos, Tucunaré, Valle del Rodeo, Palmeras, Coralinas, Motilones, nueva Esperanza y muchos otros conforman esa Cúcuta informal.
En ese caldo de cultivo de violencia, pobreza y necesidad surgen las oportunidades que la ilegalidad siempre da, sin exclusiones, a los menos favorecidos. Es así como el contrabando, el tráfico de drogas y el robo de los recursos naturales ponen de presente una economía no regular pero fuerte y con el tiempo muy poderosa. Si a esto le agregamos ideología, control político, grandes sumas de dinero y multinacionales explotando los recursos naturales nos da el ambiente perfecto para que el ELN después de su creación en 1965 tuviera tanto poder, por tanto tiempo.Llegó una moto y el parrillero sin quitarse el casco llamó a José a que se les acercara. Yo y mi amigo creímos que eran clientes amigos. Vimos como José* alegó algo y “manoteo” varias veces, les dio la espalda mientras nos miraba con cara de susto. La moto no se iba.
Para el investigador Gustavo Salazar “la zona que más le interesaba al ELN era la frontera. Alejada de la presencia del estado, con una amplia movilidad de gente, recursos petroleros y carboníferos que eran explotados por grandes empresas”. Según la historia, el ELN entró en Norte de Santander con la toma a Convención en su primera oleada expansiva. Pasaron de estar en el sur de Bolívar a salir a puntos estratégicos. En esa expansión también es conocida la toma a Betoyes en Arauca y que le dio entrada a esa otra frontera. Esta movilidad se dio entre 1975 y 1982 cuando finalmente afianzaron su poder en la región y adicionalmente comenzaron a controlar zonas importantes para el nuevo gran negocio: la droga.
Para el profesor Victor*, el ELN se lucraba principalmente de la extorsión. Las llamadas vacunas se volvieron famosas entre los comerciantes a quienes les llegaba una carta membreteada y con fondo de colores rojo y negro. En esta carta los citaban a una reunión dónde se definía pagos, periodicidad y formas de contacto so pena a ser declarados objetivos militares. Para las empresas esto significaba sabotaje de sus líneas de producción: Explosión de volquetas y vehículos que sacaban el carbón, explosión de los tubos de petróleo, quema de camiones transportadores de mercancías y quema de buses de transporte urbano. Para las personas significaba la muerte o el secuestro de un ser querido.
Empresas como Copetrán vieron como se quemaban sus buses a casi uno a la semana por no pagar la correspondiente vacuna. En fin, si el comercio estaba regulado, la política no era ajena. Rumores siempre hubo sobre alianzas entre la insurgencia y determinados políticos a quienes les daban la oportunidad de participar en elecciones aún cuando no tenían con ello su apoyo. Era común saber de gente que había tenido reuniones con el comando general del “Carlos Armando Cacua Guerrero”, con el “Carlos Velasco”, con el “Juan Fernando Porras” e inclusive con el “Camilo Torres” que siempre estuvo más hacia la frontera con Bolívar; grupos pertenecientes al frente de guerra nororiental.
“Vámonos de acá por hoy, hágale chino, corra”. Sin querer separarse y al mismo tiempo con zozobra entendimos que los personajes de la moto no eran de los buenos, aunque los buenos siempre se comportaron así con nosotros. “Son esos tombos que ahora mandan matar” decía uno más del grupo. La esquina dónde nos parchábamos a hablar de música, a tocar guitarra a reírnos del calor se nos volvía prohibida. Los artesanos “hippies” conocidos de toda la vida tendrían por sentencia salir, no solo de allí, sino de la ciudad.
El factor narcotráfico se disparó. Cúcuta comenzó a tener una sociedad ilegal paralela a la legal, con relaciones mutuas difíciles de definir o delimitar. Empresas de lavado de dinero comenzaron a aparecer convertidas en cualquier negocio que pudiera funcionar. Zapatos, arroz, ganadería, textiles, chatarra, importación de carros, contrabando y sobre todo casas de cambios. Siendo frontera el cambio de divisas siempre fue un buen negocio: “que hacía uno que trabajaba con 10 millones de pesos a comienzos de los 90 y los cambiaba porque el Bolívar costaba 16 pesos. Eso era un gran negocio ya que se ganaba 3 o 4 puntos por transacción, hoy en día con el bolívar a 0.67 uno aspira ganar al menos 0.02 puntos por transacción. Es una diferencia gigante”, dice Rafael Cardenas* cambista de la zona.
Las grandes cantidades de dinero que ponían los narcotraficantes en sus negocios generaron una competencia muy difícil de seguir. Las empresas tradicionales sucumbían fácilmente ante los grandes establecimientos “lavaderos” que vendían más barato y por cantidad. De alguna u otra forma toda la sociedad se llenó de jabón, por acción o por obligación. Con el dinero del narcotráfico y una lucha nacional cada vez más implacable contra la insurgencia por parte del estado y de los grupos paramilitares como el MAS, la idea de sacar la insurgencia del departamento era no más sino consecuente.
A los años de dominación del ELN, de secuestros, quemas, extorsiones, miedo y regulación, el paramilitarismo financiado con el dinero de la droga se convertiría literalmente, de la noche a la mañana, en el nuevo dueño del control social. El punto de entrada y principal objetivo era el Catatumbo. Esta zona está conformada por 8 municipios, el Tarra, Convención, Hacarí, Ocaña, San Calisto, Sardinata, Teorema y Tibú.
Una zona sangre ya que el término “roja” no le es suficiente. Desde estos municipios se generaron aproximadamente 7.560 personas desplazadas, más o menos 1300 familias completas. Solamente en Tibú el fenómeno del desplazamiento afectó al 10% de su población dato diciente de la dura problemática de la región. Según el informe sobre desplazamiento forzado RUT 2006, “hay varias lógicas del conflicto en esa zona: la militarización vs. la poca presencia del Estado y que traduce en un ambiente constante de guerra; el rentismo, como negocio de guerra, quien domina la guerra domina las zonas, por consiguiente domina el mercado y el poder; el terror, paramilitares y narcotraficantes comenzaron a hacer masacres y asesinatos selectivos, además la impunidad ha generado que las personas tomen las armas para hacer justicia por si misma”.
Me tocó quitarme el pelo, llegar antes de las 10 de la noche a la casa todos los días, dejar de usar las camisas de los grupos preferidos. Tocaba caminar acompañado pero de un grupo pequeño de amigos, ojalá no más de tres. Las niñas tenían que portar camisas menos insinuantes y los conciertos estaban prohibidos. El rock como cultura se convirtió en objetivo militar. Nunca entendimos que habíamos hecho, solo que dentro de la sociedad recta y de valores conservadores, de derecha, nosotros éramos parte del problema. Las amenazas fueron directas, nada de cartas, nada de mensajes. O se dispersan y cambian o se mueren. Al tiempo murió “el cabezón”, otro se salvó gracias a una vecina, mataron al que no era. El paramilitarismo estaba, y en muchos casos eran los mismos agentes del estado. Los mismos de antes solo que con ínfulas y poder de asesinos.
Dominado el Catatumbo, principal zona coquera, el departamento se convirtió en su propiedad. Alcaldes, diputados, concejales, todos con un discurso que invitaba a la renovación, al cambio, al progreso de una nueva Cúcuta. “La guerrilla participaba en política, pero no de forma directa ya que su ideología buscaba suplantar la actual, por eso no era evidente el apoyo que hacían a determinados políticos; con el narcotráfico y su ejercito la participación política era evidente” dice el profesor Victor*.
El principal responsable fue Salvatore Mancuso, encargado de hacer un puente entre la frontera con Venezuela hasta el Urabá. La estrategia fue muy simple, asesinar a 35 personas en la Gabarra en el año 1999. Los motivos; ser auxiliadores de la guerrilla, aunque la población civil decía que eran simples raspachines, gente pobre y sin oportunidades. Esta masacre ocurrió aún cuando estaba cantada desde hacia tiempo por el luego asesinado defensor del pueblo. Según la Fundación Progresar en entrevista con el diario La Opinión edición del miércoles 17 de enero de 2007, “las AUC son responsables de 5.200 crímenes cometidos entre 1999 y 2004 en el área metropolitana de Cúcuta y 11.200 en otras zonas del departamento Norte de Santander (principalmente en la región del Catatumbo), así como del desplazamiento forzado de cerca de cien mil personas” Para Wifredo Cañizares, director de esta Fundación, Las AUC pagaban a funcionarios públicos en lo denominado “nomina paralela”.
Dentro de esta modalidad hacía parte, según la Fundación, “Ana María Flórez (directora del Das de la época), quien señalaba ante las AUC a funcionarios que para ella eran auxiliadores de la guerrilla. Varios de ellos fueron asesinados por los paracos. Flórez era esposa de un comandante paramilitar conocido como ‘El Gato’, de quien se dijo apoyó al actual alcalde de Cúcuta, Ramiro Suárez”. Adicionalmente las masacres continuaron, pero dejaron de aparecer en los medios. Era más razonable matar uno al día que más de 4 a la vez. Con esta modalidad se instauraron las AUC. Caminos como el que va a Juan Frío zona pescadera, tienen historias terroríficas de caminatas mortales, fincas de tortura y fosas comunes. Políticamente las AUC fueron responsables del asesinato del ex alcalde de Cúcuta, Pauselino Camargo en el 2000 y el asesinato en el 2003 de Tirso Vélez, ex alcalde de Tibú por la Unión Patriótica y candidato a la gobernación de Norte de Santander, todos asesinatos admitidos en declaración libre por Mancuso.
Norte de Santander fue cuna del país de hoy, Convención de Ocaña, constitución de Cúcuta, Departamento de próceres y batallas decisivas. Aislados por el páramo de Berlín del resto de la patria, los embates de la violencia marcan una historia presente en la cotidianidad. Como dice el encabezado del estudio sobre desplazamiento en Norte de Santander “Definir a Cúcuta con la terminología social de “frontera viva” parece una ironía. ¿Frontera viva o frontera de muerte? ¿Frontera de paso a la esperanza o punto de decepción?” Nadie quiere hablar del tema ya que todos nos conocemos. Se teme hablar e inclusive pensar, con un escalofrío atravesándome la espalda se que también escribir. |
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